Datos y fuentes: de dónde sale cada boletín
Combinamos observaciones oficiales, teledetección por satélite, redes de estaciones y controles propios para construir una imagen fiable de lo que va a ocurrir.
Principio de trabajo: varias fuentes, una conclusión
Ninguna fuente meteorológica es perfecta por sí sola. Los modelos numéricos aciertan la tendencia general pero fallan en detalles locales. Las estaciones miden con precisión lo que ocurre en un punto, pero no dicen qué pasará dentro de seis horas. Los satélites cubren grandes extensiones pero con una resolución que no siempre basta. Nuestra labor consiste en combinar todo eso y quedarnos con lo más probable, explicando el grado de confianza de cada afirmación.
Por eso, cuando entregamos un boletín, no presentamos una única cifra como verdad absoluta. Indicamos rangos, franjas horarias y probabilidades, y señalamos cuándo la situación es incierta. Un cliente bien informado entiende que la previsión es una estimación y actúa en consecuencia, con planes alternativos.

Las fuentes que empleamos
- Servicios meteorológicos oficiales: avisos, observaciones y predicciones de las agencias nacionales y europeas.
- Teledetección por satélite: imágenes de nubes, temperatura de superficie y seguimiento de sistemas frontales.
- Redes de estaciones: observaciones de superficie y en altura para calibrar y corregir las estimaciones.
- Radar meteorológico: seguimiento de células de precipitación y de su desplazamiento.
- Boyas y estructuras marinas: oleaje, temperatura del agua y viento sobre el mar.
- Modelos numéricos globales y de área limitada: base de la predicción a corto y medio plazo.
Control de calidad
Antes de publicar, aplicamos controles de coherencia entre fuentes. Si un modelo anuncia lluvia y el radar no muestra ninguna señal, revisamos el caso. Si una estación marca un valor imposible, lo descartamos. Esta revisión se documenta y forma parte de nuestro registro de calidad.
Del dato bruto al lenguaje de la operación
El dato por sí solo rara vez sirve para decidir. Un viento de veinte nudos es una molestia para un paseo y un problema serio para una grúa. La lluvia de treinta litros en una hora puede ser una bendición en secano y una inundación en una ciudad. Por eso no entregamos ficheros con cifras sin más: entregamos interpretación con contexto, apoyada en los umbrales que hemos definido con usted.
Este proceso ocurre en tres pasos. Primero recogemos y depuramos los datos del periodo. Después los comparamos con el comportamiento habitual de la zona y con la historia de su actividad. Por último redactamos la conclusión práctica: qué significa, qué se puede esperar y qué conviene tener preparado.
Honestidad sobre la incertidumbre
La atmósfera es un sistema complejo y nadie puede prometer certezas totales. Lo que sí podemos prometer es transparencia. Cuando la confianza es baja, lo decimos. Cuando varias fuentes discrepan, explicamos por qué. Cuando un fenómeno es extremo y poco frecuente, avisamos de que la probabilidad es reducida pero el impacto potencial alto.
Esta forma de trabajar genera confianza a largo plazo. Nuestros clientes saben que un aviso refleja un riesgo real y no una alarma comercial, y que un parte tranquilo significa que realmente hay margen para operar con normalidad.
Histórico y analítica
Además de la predicción, ofrecemos mirada hacia atrás. Los informes históricos permiten comparar temporadas, detectar tendencias y fundamentar decisiones de inversión o de planificación. Por ejemplo, una empresa puede comprobar cuántos días de viento superaron un umbral en los últimos años, o cómo ha variado el inicio de la vendimia en una comarca determinada.
Ese análisis se apoya en series oficiales y en nuestros registros de servicio, y se presenta siempre con las cautelas necesarias: una tendencia observada no garantiza la repetición futura, pero ayuda a dimensionar recursos y a preparar planes de contingencia.
Qué incluye el servicio Preguntar por las fuentes